Murakami escucha jazz (pero le falta swing).
Ernesto Morosini, 2025
Considero al jazz como una música atemporal:pueden pasar cien años y continúa vigente, quizá bajo otros estilos y subgéneros, pero al final es una música que vive y respira a través de nuestros sentidos. Quien haya estado en un concierto de jazz no podrá negar que un solo de batería o de piano es capaz de hacer vibrar las emociones más recónditas de su ser. Con Haruki Murakami pretende ocurrir algo similar en «Retratos de jazz». Dicho libro, publicado originalmente en 1997 y actualizado en 2001 contiene 55 relatos breves sobre diferentes figuras del jazz desde la perspectiva personal y afición declarada de Murakami por esa música y son acompañados por una biografía diminuta de cada intérprete. De las 55 personalidades que menciona el libro, debo admitir que solo conozco apenas unas 20, a lo mucho, por lo que la lectura me sugirió una merecida novateada. Aunque, en mi defensa, tampoco se mencionan a varios músicos que sí conozco, como Sarah Vaughan, Aretha Franklin. Paul Desmond, Dave Brubeck, John Coltrane y Tal Farlow. Quiero pensar,entonces, que los jazzistas incluidos son los predilectos de Murakami y que la intención del libro nunca fue la de convertirse en una enciclopedia del jazz; de haber sido así, no terminaríamos nunca.
Nunca antes había leído nada de Murakami, y este libro no me permite emitir un juicio más o menos sólido sobre su obra. Necesito tal vez, algo más profundo y extenso para formarme una idea sobre su prosa. Si bien «Relatos del jazz» está escrito correctamente y mantiene un ritmo ameno, no me parece un libro imprescindible: su escritura no molesta, pero tampoco deja huella. Murakami escribe más como aficionado interesado que como alguien dispuesto a arriesgar un concepto que sacuda al lector. Lo único que lo salva radica en los músicos que menciona, lo cual basta para seducirme a escuchar las piezas de jazz que ahí se comentan.
El prefacio del libro fue escrito tanto por Makoto Wada como por el propio Murakami. Wada era un pintor del que no termino de entender qué le vio Murakami, se encargó de retratar a cada uno de los intérpretes de manera poco afortunada. Esa es otra de las partes lamentables del libro, ya que sus ilustraciones, lejos de enriquecer la obra, la hacen parecer un capricho editorial para vender ejemplares. No comprendo por qué el dibujante eligió un estilo naif ni por qué, habiendo ilustradores mucho más sólidos, se optó por el trabajo -si es que se le puede llamar así- de Wada.
Por último, me parece que haría falta una segunda parte dedicada a los jazzistas contemporáneos, como Chic Corea, Christian McBride, Joshua Redman, Pat Metheny y Brad Mehldau, entre otros. Aunque, eso sí, me gustaría leerla más en forma de ensayo, al estilo del «El jazz en México» de Alain Derbez, una obra rigurosa y con información verdaderamente interesante sobre el desarrollo del jazz en nuestro país.
«Retratos del jazz» funciona mejor como una lista de reproducción comentada que como un libro serio de jazz. Agradezco el entusiasmo de Murakami y de Wada, pero le hace falta el «shout chorus», y tratándose de jazz, eso no es un detalle menor.
Por mi parte, dejo una lista de reproducción en Spotify que armé hace algunos meses: Jazzinio Club. Estoy seguro de que la disfrutarás.
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Si llegaste hasta aquí, dejo un relato breve que escribí hace varios años, cuando escribía peor y sabía menos. Habla de mi relación con el jazz, entre la memoria, la ficción y cierta indulgencia juvenil.
JAZZ FOREVER
Ernesto Morosini, 2005
Yo tenía apenas ocho años y quería aprender a tocar la batería, convertirme en un “Rock Star” y tocar canciones de The Police, Doors, Pink Floyd y no se cuántos grupos más, así que le pedí a mi padre que me inscribiera en clases de música. Él no estaba muy convencido de comprarme una batería porque hacía “demasiado ruido”, pero lo seguro es que era demasiado dinero y él no quería hacer un gasto de ese tipo. Entré a clases de iniciación musical y tuve un maestro negrito. Se llamaba Quincy Charles, o al menos así se presentaba, seguramente en alusión a esos musicazos que son Quincy Jones y Ray Charles.
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| Miles Davis, por Morosini |




Qué generoso fuiste al regalar tu tiempo para leer a Murakami. Igual, gracias por la recomendación del libro de Alain Derbez.
ResponderEliminarGracias a ti por leer con atención. Murakami dio para pensar y Derbez para aprender, así que el intercambio valió la pena. Se agradece mucho el comentario.
EliminarExcelente relato juvenil donde recuerdas al Moro. El japonés me queda muy lejos.
ResponderEliminarDe Moro aprendí bastante, me parece, pero aún siento que me falta. Gracias por comentar.
EliminarUna síntesis emotiva y creativa por E. Morosini que vale la pena ser leida, ya que seguramente ocasionará interes al libro.
ResponderEliminarMuchas gracias. Me alegra saber que el texto despierta curiosidad y ganas de leer. Al final, si provoca ese pequeño movimiento, ya cumplió su cometido.
EliminarUna síntesis emotiva y creativa por E. Morosini que vale la pena ser leida, ya que seguramente ocasionará interes al libro.
ResponderEliminarMuchas gracias. Me alegra saber que el texto despierta curiosidad y ganas de leer. Al final, si provoca ese pequeño movimiento, ya cumplió su cometido.
EliminarCoincido contigo con la prosa de Murakami, nomás no me despega la mente del sillón. Me quedé con la curiosidad de las ilustraciones de su libro, pero definitivamente, las de tu ensayo, son muy buenas.
ResponderEliminarGracias por leerlo con tanta atención. Coincido: Murakami me acompañó, pero no me hizo mucho ruido. Me alegra mucho que las ilustraciones de mi texto te hayan gustado; al menos ahí el jazz sí quiso improvisar un poco.
EliminarGabriela Humphrey
ResponderEliminarGracias por tu mirada, hermana.
EliminarLo interesante de este libro radica en preferir la calidez de la memoria sobre la frialdad del dato. Siento que, para apreciar el jazz, es mucho más necesaria la sensibilidad que la erudición.
ResponderEliminarPodría estar de acuerdo. Al jazz se entra más por el oído y la memoria que por los datos técnicos. Finalmente, la sensibilidad abre la puerta; la erudición, si acaso, llega después. Gracias por leer y comentar.
EliminarEste ensayo me recordó que hay aprendizajes que no se planean ni se repiten: simplemente ocurren. Un maestro, una tarde, un instrumento y listo, la vida ya no suena igual. El jazz aparece aquí no como género musical, sino como destino: llega, sacude y se queda. No todos seguimos el camino que se nos abre, pero algunos sonidos —y algunas personas— nos acompañan para siempre. Eso también es educación. Y de la más profunda.
ResponderEliminarGracias por ese comentario tan generoso. Coincido: hay aprendizajes que no se programan y, sin embargo, nos forman para siempre. A veces basta una tarde y un sonido para cambiar el rumbo. Eso, sin duda, también es educación.
ResponderEliminarMuy bien Moro. En algún momento tuve en mente comprar ese libro, al final no me animé, pero mi intención era tomar nota de algunos jazzistas de acuerdo con el Mura. Ahora con tu reseña me queda claro que no es tan buen libro.
ResponderEliminarY buena anécdota la del otro texto, dejó huella el maestro para que le entraras de lleno al 'yazmiusic'. Eso es lo chido e ir en busca de discos.
Gracias por leer con calma, Pepe. Coincido: como guía personal de Murakami puede servir, pero como libro se queda corto. Y sí, aquel maestro dejó marca; a veces basta una persona y un sonido para empujarnos a buscar discos y no soltar eso nunca. Se agradece mucho el comentario.
EliminarTampoco he leído a Murakami, ya sabes, me llamó más la atención tu relato por mi gusto al jazz. Me gustó tu forma de escribir. Un abrazo
ResponderEliminarDefinitivamente no me da para recomendar este libro, aunque más adelante tal vez lea Tokio Blues, del mismo autor. Agradezco tu comentario, saludos.
EliminarEl jazz es una de mis muchísimas falencias. Admiro tu precisión critica. Admiro tu paciencia, literalmente oriental, para una recensión como la que nos regalas. Es uno de los libros que no voy a leer. Gracias, en verdad. Buen trabajo.
ResponderEliminarCreo que es cuestión de darse el tiempo para apreciar el jazz y encontrar algún estilo o ejecutante que agrade Me da gusto que te haya gustado el texto. Un abrazo.
EliminarEstimado Ernesto, nunca había leído algo sobre Jazz. Voy a comprar el libro que comentas, para ver si le entiendo. En mi juventud siempre acudía cuando se presentaba el Orbiz Tertius y recientemente, cada vez que iba a New York, mi hijo, que también amaba el Jazz, me llevaba al Blue Note, un restaurante de excelente comida y maestros jazzistas que tocaban ahí,
ResponderEliminarTu escrito me hizo recordar mi afición por ese género musical tan esquisto. Gracias
Gracias por compartirlo. Qué buena memoria la del Orbis Tertius y el Blue Note: ahí el jazz se entiende más por el cuerpo que por la cabeza. Me alegra mucho que el texto haya servido para volver a ese gusto y a esos recuerdos. Eso ya es bastante.
EliminarMuy interesante leer tu relato del libro y tú vivencias de joven en tus inicios en la música. Me da la impresión que son más entretenidos que el mismísimo libro del que haces referencia
ResponderEliminarMuy buena reseña. Me quedé con las ganas de ver las ilustraciones del libro a pesar de que no te gustaron, o quizás justo por eso. Tu Miles Davis excelente. Abrazo hermano.
ResponderEliminarGracias, hermano. A veces lo que no gusta despierta más curiosidad que lo impecable. Me alegra que el Miles haya conectado. Abrazo grande. Por cierto, si buscas en imágenes de Google a Makoto Wada ilustraciones de Jazz, te sale un puñado de imágenes. Ya me dirás qué te parecen.
EliminarMurakami solía ser un autor al que yo leía con mucho gusto. No sé si fue la edad o qué. Confieso que me gustan sus novelas largas, como IQ84, Pájaro que da cuerda el mundo, y otro por ahí sobre el Fin del mundo. Un gusto leerte y compartir autores.
ResponderEliminarGracias por el comentario. Coincido: Murakami en largo aliento tal vez funciona mejor, ahí se permite respirar y divagar sin apuro. Siempre es un gusto cruzar lecturas y autores.
EliminarMe encantó leer a través de ti, no suelo leer … tú haces una lectura amena e interesante. El Jazz si me gusta!!
ResponderEliminarGracias, de verdad. Me alegra mucho saber que el texto se deja leer y acompaña. Y si el jazz ya estaba ahí, entonces mejor todavía: solo había que escucharlo con calma.
ResponderEliminarAprecio ambos textos. El primero, justo por la "neciesidad" de una mirada personal me invitas a leerle. El segundo, por la ventana a una intimidad desconocida. Gracias por compartir.
ResponderEliminarAgradezco la mirada a los textos, me gusta que te haya agradado. Un abrazo.
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